UN SEÑOR, UNA FE, UN BAUTISMO... Efesios 4:5 .



Avanzar juntos en la obra social

Samuel Escobar

Hubo una época en la cual los evangélicos que tenían vocación de evangelizar y plantar iglesias se preciaban de no tener ni tiempo ni interés para la obra social. Dejaban eso para los llamados “modernistas” o “liberales” que ya no creían en las profundas necesidades espirituales de los seres humanos. El hecho de que como comunidad bautista a nivel nacional hayamos escogido este lema para nuestra asamblea anual en este año 2008 es una indicación de que vivimos en otra época. Bien vale la pena un poco de reflexión para poner las cosas en perspectiva.

 

El testimonio bíblico

Para empezar, una mirada al testimonio bíblico. Es indudable que durante su ministerio Jesús dirigió su acción tanto a las necesidades espirituales como a las materiales de las personas. Así, por ejemplo, en uno de esos resúmenes didácticos que nos ofrece el evangelista Mateo, no puede ser más explícito: Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas, anunciando las buenas nuevas del reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia (Mt. 9:35). El evangelista continúa haciendo referencia al impulso que movía a Jesús: Al ver a las multitudes sintió compasión de ellas porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor (Mt. 9:36). Es frente a esa tremenda necesidad que Jesús exclama que la cosecha es abundante pero los obreros son pocos y luego reúne a sus discípulos para seleccionar a los doce que continuarán con la misma misión integral que él había practicado (Mt. 9: 37-10:4).

Lo mismo se encuentra en la práctica del apóstol Pablo. En un pasaje hermoso de su epístola a los Romanos (Ro 15:14-33), define con claridad su vocación apostólica, como una pasión por predicar el Evangelio allí donde nunca antes se había predicado, expresa su plan de hacer un viaje a España, que entonces era el fin del mundo, para anunciar su mensaje, y de paso solicita la ayuda de los creyentes en Roma para ello (Ro 15: 23-24). Luego agrega: Por ahora, voy a Jerusalén para llevar ayuda a los hermanos ya que Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta para los hermanos pobres de Jerusalén. Lo hicieron de buena voluntad, aunque en realidad era su obligación hacerlo (Ro 15: 25-26). Este apóstol con su pasión evangelizadora que lo llevará a un viaje al fin del mundo, en el momento en que escribe realiza otro viaje largo y complejo para llevar ayuda social a los pobres, una ayuda que era muestra de la solidaridad de las iglesias gentiles para sus hermanos judíos en necesidad. Estoy dando apenas un ejemplo de Jesús y otro de Pablo para mostrar que en su práctica misionera no hay dicotomía entre las necesidades espirituales y sociales de las personas.

 

La práctica histórica y las polarizaciones

Durante veinte siglos y hasta hoy la misión cristiana ha avanzado y en sus mejores momentos ha seguido el ejemplo de evangelización y servicio que encontramos en el modelo bíblico. Donde se ha anunciado el Evangelio y se ha plantado iglesias que se nutren de la Palabra de Dios, la enseñanza y el ejemplo de los misioneros ha dado lugar a un brote espontáneo de solidaridad como evidencia de la fe y la nueva vida en Cristo. Desde esta perspectiva se puede ver cuántas acciones heroicas y sacrificadas de servicio a las necesidades humanas han sido parte de la práctica misionera. Acciones muchas veces anónimas que pasaron desapercibidas pero que la buena ciencia histórica va recuperando. Hoy en día la solidaridad del mundo rico frente a la pobreza global la expresan organizaciones de periodistas, médicos, y voluntarios “sin fronteras”. Viéndolo bien, muchos misioneros cristianos han sido predicadores del Evangelio y benefactores sociales “sin fronteras” a lo largo de los siglos.

A comienzos del siglo veinte surgió en el mundo protestante un movimiento académico al cual se le llamó “liberal” porque aplicaba al estudio y comprensión de la fe un racionalismo exagerado. El teólogo estadounidense Richard Niehbur resumía la postura liberal diciendo que según ella “un Dios sin ira, introduciría a hombres sin pecado en un reino sin juicio, mediante la ministración de un Cristo sin cruz.” De esta manera resumía alguna de las negaciones de elementos centrales de la fe que proponía el liberalismo. Una reacción conservadora no se hizo esperar y en el caso de los Estados Unidos surgió un movimiento para defender las posturas “fundamentales” de la fe, al cual con el tiempo se le llamó “fundamentalismo”. Vino luego una polarización que se reflejó en la obra misionera. Tradicionalmente los misioneros por lo general habían unido la predicación del Evangelio a la obra social en medicina, educación y lucha por la justicia. Pero algunas misiones influenciadas por la teología liberal se concentraron en la labor social y dejaron a un lado la evangelización para concentrarse en la obra social. Otras misiones en una postura reaccionaria, influenciada por el fundamentalismo, abandonaron la obra social y se dedicaron única y exclusivamente a la predicación y plantación de iglesias. En los campos de misión se reflejó también esta polarización aunque en menor grado.

 

El movimiento de Lausana

Después de la segunda guerra mundial algunas de las misiones protestantes más antiguas y prestigiosas, provenientes del mundo de habla inglesa, fueron decayendo mientras nuevas misiones de corte conservador crecían vigorosamente. En las décadas siguientes las iglesias conservadoras crecieron en número y en las tierras de misión nuevas generaciones empezaron a plantear los desafíos a la responsabilidad social que las sociedades imponían, especialmente en Africa, Asia y América Latina. En el mundo de habla inglesa surgió un movimiento conservador que quiso tomar distancia de los extremos del fundamentalismo. Se definió como “evangélico” o “neo-evangélico”, en cuanto que mantenía los fundamentos teológicos del Evangelio y un sentido de urgencia respecto a la evangelización, pero se distanciaba del derechismo político, de la postura radicalmente anti-intelectual y del racismo que habían venido a caracterizar al fundamentalismo, especialmente en Estados Unidos. Una figura destacada en ese sentido fue la del evangelista Billy Graham, quien fue uno de los promotores de un movimiento de cooperación para la evangelización y la misión que hoy se conoce como “Movimiento de Lausana”, en alusión al Congreso Internacional de Evangelización celebrado en Lausana, Suiza en 1974.

En el caso de España, el Congreso Ibérico sobre Evangelización, realizado en Madrid unas semanas antes del mencionado Congreso de Lausana, reflejaba ese nuevo espíritu evangélico, que por otra parte había caracterizado a la Alianza Evangélica Española. El pensamiento teológico del movimiento de Lausana fue divulgado en España principalmente por José Grau y Ediciones Evangélicas Europeas y tengo la impresión de que tuvo un impacto en muchos ámbitos. Por ello no sorprende que hoy los protestantes españoles, y entre ellos en especial los Bautistas, hayan respondido a los desafíos en el campo social de manera espontánea y sin amargas polémicas. Aunque el protestantismo español es relativamente pequeño y posee sólo los recursos financieros que el sentido de mayordomía de sus miembros da con generosidad, hoy en día hay una gran cantidad de proyectos en los cuales las iglesias participan con sus propios recursos financieros y con un uso responsable de recursos provistos por el Estado español. ¿Cómo avanzar juntos en este sentido?

Creo que una agenda tendría que tomar en cuenta los siguientes principios: un acercamiento integral, una teología contextual de fundamento evangélico, un discipulado que exprese dicha teología y una estrategia que busque el uso eficaz de recursos humanos y materiales.

Un acercamiento integral significa que no se descuida ni la evangelización ni la obra social. En última instancia, si no se evangeliza y las iglesias no crecen no habrá más recursos financieros ni voluntarios para realizar la obra social. Mi observación en América Latina, Asia y Europa es que en la historia de las misiones, aquellas que abandonaron la evangelización con el tiempo se quedaron con instituciones dependientes de ayuda exterior, sin recursos propios y lo que es peor, sin voluntarios que tuvieran convicciones evangélicas. He visto muchos colegios u hospitales con un glorioso pasado que han ido decayendo cuando dejaron de recibir ayuda exterior procedente de países ricos. El avance bautista ha de ser integral o no tiene futuro.

Una teología contextual de fundamento evangélico significa que se desarrolla un pensamiento que responde a la realidad del propio país y que brota de la práctica evangélica en esa realidad. Un caso que me preocupa es, por ejemplo, que muchos evangélicos se compran la agenda católica respecto a temas como el aborto o la laicidad del estado. Olvidan que hay principios protestantes y bíblicos respecto a la sexualidad y a la laicidad muy diferentes de los principios católico romanos. Como bautistas debemos estimular a aquellos pastores y profesionales evangélicos que por vocación profundizan en los estudios bíblicos y teológicos y valorar su labor aplicando su pensamiento a la misión de las iglesias.

Un discipulado que expresa una teología integral . Es en la tarea educativa de las iglesias donde se va creando un sentido de responsabilidad social. Los nuevos convertidos han de saber que ser cristiano es tener el espíritu de solidaridad y servicio que caracterizó a Cristo y los apóstoles. También las nuevas generaciones han de recibir esa enseñanza. La agenda de trabajo juvenil debe incluir siempre un desafío al voluntariado de servicio. No debe quedarse en ser una agenda para entretener a las nuevas generaciones. Entretener si, ayudar a los jóvenes a disfrutar de su herencia cristiana sí, pero también desafiar a la acción y aun al heroísmo en el servicio y a la solidaridad social.

Un uso eficaz de los recursos humanos y materiales. Por ejemplo, si se puede unir los recursos de varias iglesias en un proyecto común bien administrado, quizás puede conseguirse más que multiplicando proyectos de iglesias individuales. En el uso de los recursos del estado esto puede resultar imprescindible. Las iglesias pueden especializarse en ciertas áreas, como es el caso de la inmigración, y desarrollar una “ciencia y arte” del servicio que pueda ser un testimonio y una inspiración para la sociedad en general. Hace falta una continua reflexión sobre la práctica para no estancarse y para ir corrigiendo errores que no faltan.

Es fundamental recordar que el Evangelio tiene un poder transformador que es posible olvidar con el tiempo. Me contaba un pastor en Miami que un grupo de prostitutas habían tomado la calle y la manzana de una iglesia como lugar para conseguir clientes. El pastor de dicha iglesia bautista pidió la intervención de la policía para tratar de deshacerse del problema. Las mujeres se fueron a otra parte, cerca de una iglesia pentecostal. Los hermanos pentecostales empezaron a evangelizar a las mujeres y vieron conversiones y cambios. Este poder transformador del Evangelio lo expresa muy bien un versículo del apóstol Pablo: El que robaba, que no robe más, sino que trabaje honradamente con las manos para tener qué compartir con los necesitados (Ef. 4:28). No puede ser más explícito este versículo. El Evangelio transforma a un anti-social en un ser productivo, pero también solidario. El cambio que produce Cristo en la vida de un ladrón le enseña a tener lo propio ganado honradamente en vez de robar, pero también le enseña a compartir. Y en ello hay también una respuesta al desafío social. Avancemos.

 

Desarrollo este tema en forma más completa en el capítulo nueve de un libro mío que acaba de parecer, Cómo comprender la misión (Certeza Unida, Barcelona, 2007). En las páginas de Protestante Digital quien mejor desarrolla este tema es Juan Simarro, basado en su práctica de servicio integral con Misión Urbana.

Ya contamos con una excelente Historia general de las misiones por Justo L. González y Carlos F. Cardoza que se acaba de publicar (CLIE 2008).

Citado por Juan A. Mackay, Prefacio a la teología cristiana (CUP, Mexico, 1957), p. 11.

Ver mi artículo “Fundamentaismo” en Maximo García Pérez, editor, Protestantismo en 100 palabras (CEM, Madrid, 2005), pp. 193-195.

Ofrezco una reflexión más extensa sobre este tema en Evangelio y realidad social (Mundo Hispano, El Paso, 1988)

Ver el artículo de José de Segovia en Soli Deo Gloria. Una celebración de la obra y el ministerio de José Grau (Barcelona, Esglesia Evangélica Baptista de Gràcia, Barcelona, 2007).

Ver, por ejemplo, la obra del teólogo reformado Roger Mehl Ética católica y ética protestante (Herder, Barcelona, 1973)

Aquí cabe mencionar el valioso libro editado por Maximo García Ruiz Iglesia y sociedad. Una aproximación desde el pensamiento protestante (CEM, Madrid, 2002). Incluye contribuciones de Fernando Bandrés, Manuel López y Juan Simarro.