UN SEÑOR, UNA FE, UN BAUTISMO... Efesios 4:5 .



ESCOGE TUS BATALLAS CON SABIDURÍA

No recuerdo a qué profesor de Educación, le oí decir, hablándole a los jóvenes: “Escoge tus batallas con sabiduría”, pues es una frase popular relacionada con la educación de los hijos. No obstante, resulta igualmente importante para llevar una vida satisfactoria y, ya que estamos en periodo Convencional, oportuna para considerarla en los debates. Frase que sugiere que la vida está llena de oportunidades para escoger entre hacer una tormenta en un vaso de agua, o simplemente dejar correr las cosas al comprender que en realidad no son macrodramas sino microdramas. Si escogemos nuestras batallas con sabiduría, seremos mucho más eficaces a la hora de ganar aquéllas que sean importantes de verdad.

No hay que ser profeta para deducir que habrán momentos en los que querremos o necesitaremos discutir, enfrentarnos, o incluso pelear por algo en lo que creemos. Pero también sé que hay muchas personas, sin embargo, que discuten, se enfrentan y pelean por prácticamente cualquier cosa, convirtiendo sus vidas en una sucesión de batallas por cosas que, relativamente, carecen de importancia. Llevar este tipo de vida comporta una cantidad de frustración tan grande, que pierdes la pista de lo que es relevante de verdad.

El más leve desacuerdo o contratiempo en tus planes puede convertirse en un gran problema si tu meta (consciente o inconsciente) es lograr que todo se resuelva a tu favor. Según mi experiencia, esto no es más que una receta para la infelicidad y la frustración.

La verdad es que la vida raras veces resulta ser exactamente como a nosotros nos gustaría, y las demás personas a menudo no actúan como nosotros querríamos. En todo momento, hay aspectos de la vida –tanto más en una Convención- que nos gustan y otros que no nos gustan. Siempre habrá gente que esté en desacuerdo con nosotros, personas que hagan las cosas de forma diferente y cosas que no salgan bien. Si luchamos contra este principio de la vida, pasaremos la mayor parte de nuestra existencia librando batallas.

Una manera más placida de vivir y gozar de cualquier acto asambleario, consiste en decidir de modo consciente qué batallas merecen la pena librar, y en cuales es mejor no entrar. En la vida de Jesús, tenemos ejemplo de ello. Si bien hemos de hacer en todo, lo mejor posible, si nuestra meta principal no es lograr que todo se resuelva a la absoluta perfección sino llevar una vida relativamente libre de estrés, descubriremos que la mayoría de las batallas alteran nuestro equilibrio. ¿Es de vida o muerte mostrar a tu hermano que tú tienes razón y él o ella están equivocados, o enfrentarse a alguien porque parece que esa persona ha cometido una equivocación menor? ¿Hay que lamentarse por todos los pasillos, porque la decisión que se tomó no era la que nosotros habíamos presentado? ¿Si la Mesa , no concedió más veces la palabra, a temas ya reiterativos, debe ser discutido en la cola del buffet libre a la hora de la comida?. Por éstas y decenas de otras cuestiones menores, muchas personas se pasan la vida luchando. Echemos una ojeada a nuestra propia lista. Si se parece a la que solía tener yo, tal vez necesites hacer una reevaluación.

Si no quieres “sufrir por pequeñeces”, es de una importancia crítica que escojas tus batallas con sabiduría. Si lo haces, llegará el día en que raras veces sentirás la necesidad de librar batalla alguna.