UN SEÑOR, UNA FE, UN BAUTISMO... Efesios 4:5 .



POR QUÉ AMO A LA UEBE

 

Decir hoy que se cree en la Iglesia, que se ama a la Iglesia y por tanto también a la UEBE, es algo que no está de moda. Lo que se lleva ahora, es hablar de la Unión con cierto despego, demostrar que uno es muy independiente criticando tanto a la Iglesia como a la UEBE, incluso a veces, con irreflexiva vehemencia entre los veteranos creyentes. El susurro de batalla de los últimos tiempos ha sido: “Cristo, sí: Iglesia no” , también “Proyectos propios sí, organización UEBE, no” o en todo caso, la consigna podría ser: “¿Organización?, cuanta menos posible, mejor. Las estructuras, se dice, no hacen otra cosa que encadenar el espíritu. Mejor atenerse sólo a Cristo, y a la Iglesia, como a su unión con otras, cuando más soportarla, tolerarla como un bien menor. Y distanciarse de las instituciones en una especie de “cristianismo por libre”.

 

Por eso a mí me gustaría, aunque sea muy rápidamente, resumir aquí las razones por las que yo creo en la Iglesia, así como en su relación con otras de semejante sentir, y por tanto, las razones por las que yo la amo.

 

La primera es que ella salió del corazón de Cristo. Jesús hubiera podido predicar Él solo Su mensaje, pero quiso necesitar a los hombres. Quiso que su obra y su palabra fuera continuada por otros y otros hombres de generación en generación. Por eso quiso, desde el primer momento de su precitación, rodearse de un grupo de ayudantes y compañeros.

 

De este grupo de hombres nacerían las Iglesias, se relacionarían en el amor, la proclamación y el servicio, y a lo largo de veintiún siglos, millones y millones de creyentes se unirían y reunirían para hablar de Jesús, para amarle, para transmitir su mensaje. Y por esa comunidad de creyentes murió Jesús. ¿Cómo podría yo amar a Cristo sin amar también las cosas por las que Él dio su vida? Hoy, lo cierto es que las Iglesias –buenas, débiles, mediocres- son y siguen siendo la esposa de Jesús, el pueblo de Dios ¿Podría yo amar al esposo, despreciándola?

 

La segunda razón por la que amo a la Iglesia y por tanto a su unión con otras afines, es porque ella me transmitió el mensaje de Cristo y cuanto sé de Él. A través de una larga cadena de hombres y mujeres que, aún siendo imperfectos, ha llegado a nosotros el recuerdo de Jesús y del Evangelio. Sí, es cierto que los creyentes a lo largo de los siglos, hemos ensuciado y engrisecido el mensaje de Jesús, pero también es verdad que todo lo que sabemos de Jesús se lo debemos a ellos.

 

Las Iglesias no son Cristo, bien lo sé, Jesús es el absoluto, el fin. Pero las Iglesias son el medio. Cuando yo digo “creo en las Iglesias”, lo que quiero decir es que “creo que Cristo sigue estando en ellas”. Lo mismo que cuando digo que me bebo un vaso de leche, lo que bebo es la leche, no el vaso. Pero ¿cómo bebería yo esa leche si no tuviese vaso?

 

La tercera razón por la que creo en las Iglesias y por tanto, en la Unión de ellas, son sus santos. Sí, sí, habéis leído bien: sus santos. Ya sé de nuestras mediocridades, de nuestras carnalidades, de nuestro raquitismo espiritual. Pero sé también que nunca ha faltado ese hilo de santos que llega hasta nosotros, y que en Su gracia, siguen habiendo en nuestras Iglesias.

 

Siempre que me subo en un tren sé que la historia del ferrocarril está llena de accidentes. Pero no por eso dejo de usarlo para desplazarme. La historia de nuestras Iglesias y de la Unión, es como una compañía de transportes que, traslada hombres de la oscuridad a la luz, desde la tierra al cielo. En este tiempo hemos tenido que contar con numerosos descarrilamientos, con muchas horas de retraso. Pero hay que decir, que gracias a reales santos, la compañía ni ha quebrado ni quebrará.

 

La cuarta razón por la que amo a las Iglesias y la Unión de ellas, y casi no me atrevo a decirla, es que las amo: porque son imperfectas, porque ellas aceptan gente como yo y vosotros. ¿Hemos pensado alguna vez qué haríamos los mediocres en unas Iglesias que sólo aceptasen seres perfectos?

 

Sí, hermanos: Nuestras Iglesias y Unión es imperfecta porque acepta personas y congregaciones como nosotros, somos nosotros quienes la ensuciamos. Y bien haríamos sí, en lugar de enfadarnos con ellas y dedicarnos a criticarlas y juzgarla, nos enfadásemos un poco más con nosotros y nos dedicáramos a mejorarnos.

 

Y la quinta, y última razón por la que creo en las Iglesias y en la Unión, es porque sé que, literalmente, “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella ; con la gracia de Dios seguiremos transmitiendo la fe, adorando en espíritu y verdad, viviendo la comunión unos con otros, repartiendo la enseñanza y el amor con alegría y orando más o menos así:

 

Padre nuestro y Dios de misericordia:

A ti, humildemente, elevamos nuestras súplicas

por tu Iglesia y por la Unión de ellas.

Llénanos de toda verdad y de toda paz.

Purifícanos en lo que tengamos de corrompido.

Dirígenos donde esté el error.

Ilumínanos donde se hallen las tinieblas.

Santifícanos donde abriguemos supersticiones.

Refórmanos donde haya necesidad.

Confírmanos y fortalécenos en todo tiempo.

Ayúdanos en toda tribulación.

Sigue llenándonos de tu Espíritu de amor.

Y concédenos unidad de fe y de amor,

Mediante Jesucristo, Señor nuestro.

 

 

 

 

Barcelona, 29-Septiembre-2008

Pastor. Roberto VELERT CHISBERT