UN SEÑOR, UNA FE, UN BAUTISMO... Efesios 4:5 .



Dexter Avenue King Memorial Baptist Church

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MARTIN LUTHER KING

 

La Historia nos enseña que en circunstancias extraordinarias, surgen hombres especiales. Han pasado 40 años desde el asesinato de ese gran hombre que fue nuestro hermano Martin Luther King, Jr., pastor bautista, hijo de pastor bautista, aún cuando parece que cuesta todavía decirlo en los medios de comunicación, que nos siguen teniendo acostumbrados a expresiones como “evangelistas”, “misa protestante”, “rezos” y comparaciones con telepredicadores o sectores que poco o nada representan a la gran mayoría de los evangélicos españoles, incluidos los bautistas.

Líder a favor de los Derechos Humanos y contra la discriminación racial, fue ante todo un creyente en Dios que se esforzó en mantener el difícil equilibrio de luchar contra situaciones injustas, atentatorias contra la dignidad humana, pero rechazando la violencia, el odio, la lucha de clases, el resentimiento. King no se propuso redimir a la sociedad mediante la destrucción del sistema, sino engrandeciéndolo y llevándolo a su total realización.

Tomaba en serio el Sermón de la Montaña; por eso creía en los métodos pacíficos. “Yo pido a todos los Pedro potenciales que envainen sus espadas; es menester convencer a nuestros hermanos que nuestra lucha es por la paz, la justicia y el amor entre los hombres”, decía. “Protestad valientemente, con dignidad y amor cristiano. La historia dirá entonces que hubo un gran pueblo que inyectó un sentido nuevo en las venas de la civilización”. Fue Premio Nobel de la Paz.

La tarde del 4 de Abril de 1968 una bala asesina hería de muerte a un hombre de 39 años. Algunos recordamos el tremendo impacto de la noticia y el emotivo servicio en su memoria tenido en nuestra iglesia, pocos días más tarde. “Cuando muera –había dicho-, decid que fui un tambor de justicia…de paz…de rectitud”. “Si estáis presentes cuando me llegue la hora, no quiero un funeral largo. Quisiera que alguien dijera ese día que M.L.King trató de amar, trató de dar de comer al hambriento. Quiero que digáis que traté de amar y servir a la humanidad”.

La muerte no le cogió de sorpresa. La noche antes de morir, decía: “Yo no sé lo que va a ocurrir. Tenemos por delante días difíciles, pero no me importa, porque he llegado a la cima de la montaña. Como todos, me gustaría vivir una vida larga. Pero no es eso lo que me preocupa. Lo que quiero es hacer la voluntad de Dios”. El doctor King enfrentó siempre la muerte con el esperanzado espíritu de la letra de un himno cristiano que amaba y que habría de grabarse en su tumba: “Libres al fin, al fin libres. Gracias a Dios Todopoderoso, somos libres al fin”.

Hace años tuve la oportunidad de visitar la Iglesia que pastoreó en Montgomery (Alabama), junto a la cual hay un impactante monumento de una gran piedra circular, en agua, donde están grabados los nombres de algunos hombres y mujeres que murieron en aquellos años difíciles por causa de defender sus ideales de igualdad y libertad, incluido él mismo. También prediqué en la Primera Iglesia Bautista de Birmingham, en el mencionado Estado, donde el Dr. King lo hizo en medio de oposición y violentas tensiones. Está enterrado en Atlanta (Georgia). Como alguien dijo de él “fue elegido por la historia para hacer historia en vez de observar cómo ocurría la historia”.

“He tenido un sueño..”, decía en una famosa marcha, enumerando situaciones injustas que soñaba habían cambiado. Nosotros también podemos soñar con él en el cambio de muchas cosas, pero hay que luchar para hacerlo realidad, pues las situaciones no se mejoran ni cambian por sí solas. Hoy sigue en pie su desafío y sus palabras resuenan proféticas con fuerza y enseñanza y damos gracias a Dios por su trayectoria y su testimonio. Hombres como Martin Luther King nos enseñan a ser más justos, más íntegros, más generosos, más honestos, más valientes…

 

Manuel Sarrias.